El copywriting es como la tapa de ese bar que consigue que te quedes a comer

El copywriting es como la tapa de ese bar que consigue que te quedes a comer

Seguro que te resulta familiar lo que te voy a contar.

Muchos de mis amigos, se dedican a diferentes menesteres. Cuando te juntas y hablas de trabajo, siempre les cuento las clásicas anécdotas de los proyectos  y sienten curiosidad. Porque, sin duda, el mundo digital despierta interés. Y para muchos, es como la prima del pueblo. Sabes que la tienes, te suena, pero como que no la sientes prima, prima. Ya sabes.

Volviendo a la historia. Es en una de esas charlas cuando me preguntan: y Celia, ¿qué es eso del copywriting? Y en ese momento, el contexto me vino al pelo para explicarme.

Te pongo en situación. Ya verás cómo te ha pasado mil veces.

Jueves veraniego por la tarde, has terminado tu jornada laboral y has quedado con unos amigos a las 19:00h. ¿El plan? Tomar unas cañas de bares (haz memoria, ¿te acuerdas?)

Quedas con ellos en ese bar de tu barrio. El que tiene una terraza muy tentadora donde casi nunca hay sitio. Esta vez ¡bingo! Os sentáis los 4, pedís cuatro cervezas. El camarero, os trae el clásico vaso de doble lleno hasta arriba y con dos dedos de espuma. Maravilla. Brindáis, apoyáis, ¡por el verano, por las terrazas! Y dais ese primer sorbo. Todo perfecto.

Dadas las horas, el hambre os aprieta, y en España, somos muy de empujar la cervecita con una buena tapa, ¿verdad? Uno de tus amigos dice: oye, ¿pedimos algo? Y otro, muy resabido de la cultura bar suelta: espera, a ver que nos trae de tapa.
En ese momento, llega el camarero con cara de pocos amigos, y os deja, mirando al infinito, sin daros mucha importancia, un cuenquito de patatas fritas de bolsa rancias junto con la cuenta. Bajón. Te comes una por cortesía (bueno, dos, que ya que las ha traído…) y sueltas los 3,60€ por tu doble de cerveza con desgana. ¿Te apetece ver la carta? Mmmm, creo que no.

Uno de vosotros dice: ¡venga, nos tomamos esta y cambiamos de bar! Y así hacéis.
Vais a otro bar. Esta vez, sin terraza, porque están muy cotizadas. En el bar os recibe un camarero, que peinaba canas, con una amplia sonrisa. Os sienta amablemente en una mesa, y sin mediar palabra, os trae unos pinchos de tortilla de patatas recién hecha. Cortada en triángulos, sobre pan de hogaza, luciendo la untuosidad del huevo y el brillo de la patata perfectamente ligados. (Sabes de lo que te hablo, ¿verdad?)

Aquí, la cosa cambia. Pedís otros cuatro dobles y el camarero os recomienda que probéis las croquetas de cocido que están recién hechas. Y cómo no, ante semejante tentación, pedís una de croquetas y la carta. La cosa promete. Y….equilicuá. Caen varias raciones, más rondas, unos chupitos, cortesía de la casa…y termináis la quedada satisfechos de comer y beber, como es debido.

Ahora, con la tripa llena, ves la importancia de esa primera impresión, y por supuesto, del aperitivo bien servido, ¿verdad?

Y quizá te estés preguntando ¿y qué tiene que ver el copywriting con el pincho de tortilla? (además de darme hambre).

Pues, he aquí la moraleja: En tu página de venta, pasa exactamente lo mismo que en un bar. Si la apariencia es atractiva, entras (primer filtro). Si el aperitivo es mediocre, te vas (segundo filtro, suspenso). Sin embargo, si el comienzo te deja un buen sabor de boca y satisface tus necesidades , leerás la carta completa y pedirás. Es decir, convertirás. Porque el sitio web te ha guiado correctamente: primero con la apariencia, después con la atención y el aperitivo y, finalmente, con el menú completo.

Y, las palabras, son como la sonrisa de ese camarero que te hechiza para que te quedes hasta el final.

Ahora, ya sabes por qué el copywriting es como esa célebre tapa de tortilla que hace que te sientes a comer 😉

 

Créditos:

  • Locución, texto, postproducción y diseño: Celia Villarino
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